MEMORIAL DE LA PESTE poemario de Rosalía Gila “Todo pasa y todo queda / pero lo nuestro es pasar…” , estos versos tan conocidos de Antonio Machado fueron como un mantra para mí en aquel tiempo que la humanidad se encerró en casa debido a una pandemia. Ando estos días leyendo también otro libro de un gran amigo de Rosalía y de un servidor, me refiero al poeta Gregorio Dávila. En su último libro, La limosna de los días, dice en uno de sus poemas: “Pasan los días, pasan las estaciones y llega el invierno el verbo “pasar” es la palabra con más acepciones en el DRAE (nada menos que 64)” Lo nuestro es pasar… Leyendo el pequeño gran libro de Rosalía Memorial de la peste , he recordado aquellos versos, casi una oración, que me animaban cada mañana a levantarme de la cama: Todo pasa. Pero Rosalía no ha escrito una crónica más sobre aquellos aciagos días, ha querido exprimir todas las emociones que sentimos, extraer ...
Del prólogo de Enrique Linares Martí: Del prólogo de Enrique Linares Martí El haiku es la frontera, el límite entre la palabra y el silencio. Más aún, es la mínima expresión donde la palabra intenta casi sin éxito definir el silencio. El silencio contemplativo de un instante que sucede ante el haijin, y que aparentemente no tiene nada que lo defina como asombroso. Es más, el haiku se enmarca entre dos silencios: el del asombro por lo que contemplo, y el posterior de agradecimiento por haber estado atento en ese aquí y ahora. En estos haikus que nos regala, César busca esa brevedad silenciosa para contar el asombro de lo que le rodea. Es un niño grande que dice lo que observa, lo que escucha o intuye. Llega la vendedora de jazmines. Aún no la veo. Son ojos que han mirado durante mucho tiempo y ahora quieren describir lo que les asombra. Contarlo como lo haría el niño. Incluso cantar si hace falta, p...
HEREDAR LA LLUVIA de Gregorio Dávila de Tena Recojo del magnífico prólogo de José Manuel Martín Portales esta frase: “este libro de poemas de Gregorio Dávila pareciera indicarnos una forma de salvación mientras ‘el mundo se derrumba’.” Y nada más comienzo a leer me encuentro estos tres versos que me guiarán como el perro guía al ciego que soy en el camino: “Aprendo de la piedra la humildad y de la lluvia la oración. El silencio nombra a los pájaros.” Intuyo en el primer verso el silencio eterno de la piedra que contrasta en una perfecta balanza con el rítmico sonido de la lluvia. El humilde silencio que no espera nada, y el balbuceo melódico de quien repite y repite sin descanso una oración a lo sagrado. La cadencia de la lluvia es el sonido más sincero que conozco y su plegaria un canto a lo inefable. El tercer verso es el mástil de la balanza. Los pájaros llevan en el pico las notas musicales que engarzan perfectamente con el silencio del mundo. Este ciego ...
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